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Gobiernos de coalición, necesidad inaplazable, según Beltrones

4El 10 de octubre de 2011 un grupo de políticos, académicos e intelectuales publicó el manifiesto “Por una Democracia Constitucional”, donde proponían formar un gobierno de coalición que respondiera a las necesidades más apremiantes del país, principalmente la de gobernabilidad. Ahora, en entrevista con Proceso, el expresidente nacional del PRI Manlio Fabio Beltrones retoma la iniciativa con vistas a instaurar esa opción para 2018, pues advierte que el próximo presidente ganará sólo con un tercio de la votación.
“Creo que es la hora de acercarse a los gobiernos compartidos y dejar atrás gobiernos divididos, y de viejos gobiernos que muestran agotamiento”, dice en entrevista Manlio Fabio Beltrones, quien fuera gobernador de Sonora y presidente del PRI. En cambio, explica, implantar la segunda vuelta en caso de una victoria cerrada en los comicios es una “salida falsa” que nada abona a la gobernabilidad.
Argumenta con estadística: en 1988 Carlos Salinas tomó posesión con 50% de los votos y en 1994 Ernesto Zedillo lo hizo con 48%. En 1997 el PRI perdió la mayoría por primera vez en la Cámara de Diputados con 47% del partido más votado, y en la elección de 2000 Vicente Fox ganó con 42%. En 2006 Felipe Calderón triunfó con 35.6% de los votos y en 2012 Enrique Peña Nieto con 37%.
“Para la elección de 2018 es posible que tengamos menos de ese último porcentaje, lo que no sólo le pegaría al concepto de legitimidad, sino dañaría a la gobernabilidad y esta última depende mucho de los diálogos, de las negociaciones, de los acuerdos, de los programas comunes que tengamos en objetivos precisos. Esto no se alcanza simplemente deseándolo, sino bajo un sistema que premie y que estimule los acuerdos. Para eso están los gobiernos de coalición”, explica Beltrones.
La idea de un gobierno de coalición, precisa, la vienen expresando desde hace años personajes de diversas corrientes políticas como Cuauhtémoc Cárdenas, Santiago Creel, Patricia Mercado, Javier Corral, Pedro Joaquín Coldwell, Francisco Labastida Ochoa, José González Morfín, Marcelo Ebrard, Ernesto Ruffo, Carlos Navarrete, Sergio Aguayo, Denise Dresser, Diego Valadés, José Woldenberg, José Córdova, Mauricio Merino, Juan Ramón de la Fuente y Jorge Volpi.
Ellos estaban entre las 46 personas que firmaron el 10 de octubre de 2011 el manifiesto “Por una Democracia Constitucional”, donde se planteaban la urgencia de una coalición de gobierno.
Los firmantes, entre los que estaban también Carlos Fuentes, Miguel Ángel Granados Chapa y Manuel Camacho Solís, señalaron: “Si ningún partido dispone de mayoría en la Presidencia y en el Congreso, se requiere una coalición de gobierno basada en un acuerdo programático explícito, responsable y controlable, cuya ejecución sea compartida por quienes lo suscriban”.
Diego Valadés, presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, en un artículo publicado en julio de 2013 por la Academia Mexicana de la Lengua sostuvo al respecto que “a veces las palabras asustan más que los hechos”, porque en el país ya se está presenciando la implantación de esa modalidad “mediante una vía elíptica del gobierno de coalición con su respectivo programa”.
Valadés aseguró que la Constitución ya ofrece la ventaja de un sistema electoral que combina en el Congreso distritos de mayoría y representación proporcional, lo que facilitará el establecimiento de coaliciones estables.
“Todo contribuye al diseño constitucional para un gobierno de coalición posible con motivo de los comicios de 2018. Si hemos de continuar por la senda trazada, es inevitable llegar a los gobiernos de coalición y a los programas pactados. Esto significará fortalecer al sistema presidencial, que si en el pasado se apoyó en la mayoría que resultaba de un sistema de partido hegemónico, en el futuro se tendrá que basar en la mayoría a partir de un sistema democrático institucionalizado”, sostuvo el integrante del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
A finales de enero de 2014, cuando aún funcionaba el Pacto por México, el presidente Enrique Peña Nieto promulgó una reforma constitucional en materia político-electoral para que entrara en vigor a partir de 2018, la cual permitirá formar gobiernos de coalición y reelegir a los legisladores hasta por 12 años.
En una ceremonia en el Castillo de Chapultepec, Peña Nieto manifestó que la posibilidad de los gobiernos de coalición “es un gran avance en el sistema democrático de nuestro país, que incentiva el diálogo, el acuerdo y la eficacia”.
Explicó que quien gane las elecciones presidenciales de 2018 y otras fuerzas políticas “podrán impulsar un programa de gobierno conjunto, que será respaldado por una mayoría legislativa estable”.
En octubre de 2014, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó un dictamen que reforma los artículos 116 y 122 de la Constitución Política en materia de régimen político y gobiernos de coalición, para aquellas entidades donde uno o varios de los partidos representados en las legislaturas locales elijan esta opción de gobierno.
Según esta iniciativa, propuesta en su momento por el perredista Silvano Aureoles, el gobierno de coalición se regularía por un convenio y un programa que deberán ser aprobados por la mayoría de los miembros presentes de las legislaturas. Dicho convenio establecería también las causas de la disolución de un gobierno de coalición.
A partir de estas propuestas Beltrones, también firmante del manifiesto “Por una Democracia Constitucional”, señala que desde hace muchos años, sobre todo a partir de 1988, ha ido creciendo la necesidad de formar un gobierno de ese tipo:
“Desde 1988 hasta 2000 hemos visto cómo los presidentes de la República tomaban posesión con menos de 50% de la votación, y la discusión y el debate es si esto les daba la suficiente legitimidad para ejercer una presidencia planeada y planteada, como se hacía hace tiempo para un partido hegemónico.”
Pero del problema de la legitimidad, dice Beltrones, ahora hemos pasado al de la gobernabilidad.
“Hay muchos que pensamos que la gobernabilidad es la que puede traer la legitimidad. Entonces, hoy se discute cómo podemos hacer que un sistema político pudiera ser más eficaz en la gobernabilidad para tener estabilidad con legitimidad”, puntualiza.
La “salida falsa”
Según Beltrones, quienes proponen la segunda vuelta electoral en lugar de integrar un gobierno de coalición la plantean como fórmula mágica.
“A mí me parece que eso sólo da mayorías prefabricadas y equivocadas en su concepción. Los que proponemos los gobiernos de coalición es para que se formen mayorías más estables en el Congreso y le permitan mejorar la gobernabilidad al presidente en turno. Ese es el debate que hoy se está dando y que no debe ser una disyuntiva de segunda vuelta o gobierno de coalición, porque el debate es analizar opciones que contribuyan a un objetivo que podamos compartir y dar gobernabilidad al sistema político mexicano”, precisa el exlegislador.
–¿Gobernabilidad y legitimidad son dos aspectos de la vida política mexicana que están en crisis?
–Yo quiero concentrarme en el debate que se está dando entre las opciones de gobernabilidad y legitimidad. La pregunta es si queremos que el presidente electo en 2018 cuente con al menos la mitad más uno de los votos, sin importar el resultado en el Congreso, o queremos que tenga condiciones que hagan posible la gobernabilidad democrática.
El político sonorense insiste en que la segunda vuelta es sólo una fórmula, un instrumento, y no un fin en sí misma:
“Me llama la atención que algunos de los que antes batallaron y luego festejaron el fin de la era de predominio de un solo partido y de los presidentes todopoderosos, ahora añoren esa etapa y nos digan que México necesita un presidente fuerte, que tenga el respaldo de al menos la mitad más uno de los votos. Nos hace falta un análisis más pausado, menos prejuiciado de lo que ha ocurrido desde 1998 a la fecha.”
Señala que desde 2000 no ha habido mayoría en las dos cámaras y que el país lleva tres presidentes con menos de 43% de los votos totales, y algunos llegaron solamente con 35%: “Recordemos la toma de posesión de Felipe Calderón en 2006, en la que parecía que todo se nos estaba acabando”, apunta en la entrevista.
–El riesgo es que de la legitimidad vayamos a un problema más profundo, como una crisis política…
–Sí, pero esas crisis políticas que se van planteando en el horizonte se resuelven con modelos de gobernabilidad política. Ese es el planteamiento: ver qué cambios hay que dar en el sistema político mexicano a fin de que aquel que consiga 42% de la votación siga gobernando de la manera tradicional o pueda optar por un gobierno de coalición. Y que quienes tengan menos de ese porcentaje se vean obligados a conseguir en coalición una gobernabilidad en las cámaras, con la mayoría más uno. De tal suerte que eso nos ayude a que haya un buen gobierno, crecimiento económico, empleo, estabilidad y legitimidad.
–¿La legitimidad es el tema principal del debate?
–Así es. El punto central es si se quiere más legitimidad o más gobernabilidad. Yo digo que la legitimidad no da gobernabilidad automáticamente, sino al revés: la gobernabilidad sí puede traer la legitimidad.
“No planteo la segunda vuelta como la solución, a menos que los partidos políticos sean incapaces de lograr una coalición, con lo cual la segunda vuelta vendría a ser una puerta falsa de salida.”
Dos décadas de inestabilidad
Beltrones advierte que en el PRI, el PAN y el PRD muchas personas tienen claro que desde hace 20 años hay problemas de gobernabilidad en México, pero rechaza que eso implique una crisis.
Precisa que con la coalición no se pretende debilitar la figura presidencial sino fortalecerla: “Conozco a políticos de distintos partidos a quienes les agrada la idea de poder construir dentro del presidencialismo moderno de México gobiernos de coalición que le den gobernabilidad y legitimidad.
He escuchado que algunos legisladores han registrado iniciativas al respecto, que valdría la pena irlas puliendo pero con objetivos comunes. El objetivo que no debemos perder de vista es darle más gobernabilidad a México”.
–¿Qué es lo que ha provocado falta de gobernabilidad en las dos últimas décadas?
–En buena parte lo que se genera es parálisis legislativa y también ejercicios del gobierno que son fallidos, por la falta de consenso. Es la hora de acercarse a los gobiernos compartidos y dejar atrás gobiernos divididos, así como viejos gobiernos que muestran agotamiento.